La pasión por la música y el compromiso con la educación llevaron a Jennifer Rincón, docente guatapense, a vivir una experiencia que marcó su vida y su forma de enseñar. El pasado fin de semana, Jennifer culminó con éxito el Firebird Fellowship, un programa internacional de formación que fortalece el liderazgo educativo con enfoque social, y que ahora deja una huella muy positiva en su comunidad.
“Muy contenta porque después de 15 meses de estudio termino esta especialización que estaba realizando con AIM, una academia para el impacto social a través de la música”, expresó emocionada.
El Firebird Fellowship combina sesiones virtuales y presenciales, mentoría personalizada y entrenamiento en liderazgo, todo con un enfoque en prácticas pedagógicas centradas en el estudiante. Jennifer hizo parte de la cuarta cohorte, representando a Colombia junto a otros siete docentes del país.
Pero más allá de los aprendizajes técnicos, lo que más la emocionó fue el trabajo práctico que pudo realizar con sus estudiantes.
“Nos pedían hacer una investigación dentro del aula, explorar cosas nuevas, ver resultados… y la verdad fue muy positivo, muy bonito. Los niños son muy receptivos, hemos aprendido habilidades de equipo, confianza, autonomía”, contó con entusiasmo.
Este proceso no solo dejó aprendizajes en ella, sino también abrió nuevas puertas para fortalecer la educación musical en Guatapé. La Fundación Hilti, que apoya tanto a Iberacademy como a AIM (Academia para el Impacto Social a través de la Música), ha sido clave en estas alianzas que, como Jennifer lo dijo, “terminan beneficiando a la comunidad guatapense y a sus chicos”.
La ceremonia de graduación fue el cierre de un ciclo muy especial, pero también el comienzo de nuevos retos.
“Esto no es que ya terminé y listo. Realmente es un descubrimiento constante y una preparación que se sigue dando. Lo lindo es que lo puedo hacer con la Escuela de Música, con los grupos, con mucha receptividad y muchas ganas de aprender”, afirmó.
Jennifer no solo es un ejemplo de dedicación, sino también una inspiración para otros educadores que ven en la música una herramienta poderosa para transformar vidas. Su historia nos recuerda que enseñar es también aprender, explorar, y sembrar semillas que, con el tiempo, dan frutos en forma de ciudadanos más sensibles, autónomos y solidarios.