La celebración del Día de la Antioqueñidad en Guatapé este año tuvo un ingrediente especial: salió del casco urbano y llegó hasta el corazón de la ruralidad. La escuela El Tronco, en la vereda El Rosario, se convirtió en punto de encuentro para estudiantes, familias y docentes de diferentes sectores rurales del municipio.
La jornada, promovida por los maestros de primaria del área rural y respaldada por la Administración Municipal y la Institución Educativa Nuestra Señora del Pilar, permitió vivir una fiesta cargada de tradición, gastronomía, música, baile, juegos e integración comunitaria.
Más que una celebración, el encuentro fue una oportunidad para conocer y recorrer el territorio, especialmente aquellas veredas que muchas veces hacen parte del paisaje cotidiano, pero que no siempre son visitadas por los habitantes del municipio.
Una Antioqueñidad que va mucho más allá del poncho y el sombrero
Durante la jornada se resaltó que hablar de Antioquia es hablar de un departamento diverso, compuesto por diferentes regiones, culturas y tradiciones.
La celebración permitió reconocer que la identidad antioqueña no se limita a elementos tradicionales como el poncho, el carriel, el sombrero o la ruana, sino que también está presente en las costumbres y expresiones culturales de territorios como Urabá, Bajo Cauca y Magdalena Medio, entre otras subregiones.
En el parque principal de Guatapé también se habían realizado actividades relacionadas con la Antioqueñidad, pero este año la institución educativa quiso llevar la celebración a la zona rural y reunir allí a las comunidades educativas.
El campo fue el gran protagonista
Alexander Giraldo explicó que durante años los docentes rurales habían celebrado la Antioqueñidad desde cada sede o trasladándose hasta el casco urbano. Esta vez surgió una propuesta diferente: reunir a todos los estudiantes y maestros en una misma sede rural.
“Por iniciativa de los mismos maestros, nos solicitaron hacer la celebración de la Antioqueñidad en una sede, reunirlos todos allí”, explicó Giraldo.
Para hacer realidad esta propuesta fue necesario disponer de transporte y logística para trasladar a los niños desde las diferentes veredas hasta El Tronco.
El esfuerzo permitió que estudiantes que normalmente comparten poco con niños de otras sedes pudieran encontrarse, jugar y disfrutar juntos. También facilitó el encuentro entre docentes urbanos y rurales.
Giraldo destacó que incluso había profesores que llevan varios años trabajando en Guatapé y que nunca habían conocido la sede El Tronco.
La experiencia, según explicó, fortalece los vínculos entre las comunidades educativas y aporta a la construcción de una mayor identidad institucional.
Una fiesta para conocer las tradiciones
La gastronomía fue otro de los grandes protagonistas. Los estudiantes y las familias prepararon y ofrecieron diferentes alimentos tradicionales, convirtiendo la celebración en una muestra de las costumbres y sabores que hacen parte de la identidad antioqueña.
Entre los productos se encontraron mazamorra, natilla, buñuelos, arroz con leche, patacones y otras preparaciones que permitieron a los asistentes disfrutar de una verdadera fiesta de sabores.
Reynelio Miranda, habitante de la comunidad rural, destacó la importancia de llevar este tipo de encuentros hasta sectores alejados del municipio.
“Acá se integran todas las veredas y esta que es una de las veredas más alejadas del municipio de Guatapé”.
Además, resaltó que para algunas personas esta jornada representó la oportunidad de conocer por primera vez este sector rural.
“Hoy estamos aquí integrados todos y el evento ha estado muy bueno”, manifestó.
Los niños disfrutaron de una jornada diferente
La alegría de los estudiantes fue quizás una de las mejores muestras del éxito de la actividad.
Guadalupe Rivera Zuluaga contó con entusiasmo cómo estaba viviendo la jornada, entre juegos, bailes y comida.
“Me he divertido mucho con los niños, bailar, jugar, divertirme mucho”.
Para muchos estudiantes, además, fue una oportunidad para conocer una sede diferente y compartir con compañeros de otras veredas.
La docente Erika Pecha también resaltó este aspecto y explicó que, aunque los estudiantes y maestros pertenecen a la misma institución, no siempre tienen la oportunidad de conocerse entre sí.
“Ni los maestros rurales, ni los maestros de la sede urbana, ni muchos de los mismos estudiantes rurales conocen entre sí las sedes”.
Por eso, el encuentro permitió derribar esas distancias y generar nuevos espacios de integración.
Una escuela renovada recibió a la comunidad
La jornada también permitió que habitantes de diferentes sectores conocieran las obras de mejoramiento realizadas en la escuela El Tronco.
La sede recibió intervenciones en espacios como los pisos y los muros, además de trabajos de adecuación en la unidad deportiva, lo que generó una respuesta positiva entre estudiantes, familias y docentes.
Para la comunidad, la celebración fue entonces doble: por un lado, permitió encontrarse alrededor de las tradiciones antioqueñas y, por otro, conocer y disfrutar los espacios renovados de esta sede rural.
El reto: llevar la Antioqueñidad a otras veredas
El balance de la jornada dejó una propuesta sobre la mesa: que esta experiencia no sea algo excepcional, sino que pueda repetirse cada año en una sede rural diferente.
Alexander Giraldo aseguró que la actividad deja un reto para el futuro: continuar descentralizando esta celebración y permitir que cada año una nueva vereda sea protagonista.
La idea incluso podría crecer hasta convertirse en un festival abierto a toda la comunidad, donde los habitantes puedan visitar diferentes sectores rurales, conocer sus escuelas, disfrutar de sus tradiciones y apoyar los emprendimientos y ventas de los niños.
Y es que uno de los grandes aprendizajes de esta celebración fue precisamente ese: Guatapé no termina en su parque principal. Sus veredas también cuentan historias, conservan tradiciones y tienen comunidades que merecen ser conocidas y reconocidas.
La celebración del Día de la Antioqueñidad en El Tronco demostró que las tradiciones también pueden convertirse en una herramienta para acercar a las comunidades, fortalecer la identidad y descubrir nuevamente el territorio que se habita.
Quizás ese sea el verdadero significado de celebrar la Antioqueñidad: no solamente recordar nuestras raíces, sino encontrarnos con quienes las mantienen vivas todos los días.
¿Cuál vereda de Guatapé debería ser la próxima sede de esta celebración?
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