Este martes 3 de junio, las calles de Guatapé vibraron con un sonido que muchos esperaban desde hace meses: el repique inaugural de las tres campanas recién llegadas al municipio y que harán parte en un futuro del templo morada San José. Detrás de ese eco hay una historia de fe, tradición artesanal y solidaridad que vale la pena contar.
De un sueño parroquial a un proyecto comunitario
Todo comenzó ―cuenta el párroco Samuel Martínez― cuando lanzó la idea de renovar el campanario y “mandar hacer las campanas, porque las que teníamos demandaban mucho tiempo de reparación”. Bastaron unos días para que varias familias levantaran la mano y dijeran “yo dono”, dando el impulso definitivo a la iniciativa.
La primera conversación con los maestros campaneros de Nobsa (Boyacá) se selló el 14 de enero y, tres días después, el 17 de enero, se realizó el primer pago. A partir de ahí empezó un proceso puramente artesanal: los campaneros cavaron hornos bajo tierra y fundieron el bronce siguiendo técnicas transmitidas de generación en generación. “Todavía se hacen como antes, en hornos rudimentarios, y la familia entera se involucra para que el arte no se pierda”, resalta el padre Samuel.
Una travesía que une caminos
Cuando las campanas estuvieron listas, tocó ir por ellas. La camioneta parroquial estaba averiada, pero apareció la providencia en forma de un amigo del padre Johnny: “Para eso es este carro, no nos llevamos nada de esta tierra”, le dijo al prestarle su vehículo. Fue así como el padre Johnny emprendió la travesía a Boyacá.
Allá lo recibió “gente buenísima, que le ofreció su almuerzo y hasta la cama para descansar, sin prisa alguna”, relata el párroco entre sonrisas. Ayer, exactamente a las 5:00 p.m., la caravana cruzó el puente y las campanas hicieron su entrada triunfal en Guatapé, acompañadas por un repique desde la torre que anunciaba a propios y visitantes la buena nueva.
Tres voces, un mismo mensaje
Cada campana es única en tamaño y sonido, pero comparten una inscripción que, unida, forma esta frase en latín:
“Virgo Custodis, Virginis Matris, Pater Iesu, Spes Nostra.”
La traducción la explica el padre Samuel con orgullo: “Custodio de la Virgen Madre y Padre de Jesús, Esperanza Nuestra.” La idea y el latín son cortesía del padre Bernardo Botero, quien visitó la parroquia y quiso dejar su huella espiritual.
Un llamado que no termina
Las campanas no son un punto final, sino un paso clave en el gran proyecto de la Morada de San José, el nuevo templo que la comunidad sueña inaugurar antes de la Navidad. “Le pido a Dios que nos conceda la gracia de sacarla adelante en el transcurso de este año”, afirma el párroco, invitando a los feligreses a seguir aportando “silenciosa y generosamente”.
Para cerrar, el padre Samuel comparte una cita que le envió un amigo desde Medellín, perfecta para quienes sienten que su ayuda es pequeña:
“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles.”
Que ese repique recién estrenado nos recuerde, cada mañana, que la fe se forja con manos artesanas, viajes largos y corazones dispuestos a luchar toda la vida por su comunidad. ¡A seguir soñando en grande, Guatapé!