¿Alguna vez has sentido que el mundo se te viene abajo y que no hay forma de levantarte? Imagínate trabajar día y noche, pedir créditos financieros para armar el estudio de tus sueños y, de la noche a la mañana, entrar y ver que te lo han robado absolutamente todo. Quedar debiendo millones y con las manos vacías.

Esta es la historia de Germán Danilo Jiménez Guarín, conocido en el mundo de la música como «Sherman». Un joven nacido en nuestro querido municipio de Guatapé, Antioquia, que no solo sobrevivió a la peor de las quiebras, sino que transformó esa crisis en el combustible necesario para convertirse en uno de los productores e ingenieros de sonido más importantes del género urbano.


De los colores de Guatapé a la «hipnosis» del estudio

Para Danilo, la música no era un negocio familiar, aunque sus padres siempre tuvieron un gran oído y una afinación natural. Su tío Wilson es una figura muy reconocida en las comunicaciones locales, pero nadie en casa se dedicaba a esto de forma profesional. Tras un breve intento con la trompeta en su niñez, en el año 2006 una guitarra despertó en él una disciplina inquebrantable.

El verdadero giro del destino llegó en 2010. Gracias a un premio que ganó con su banda del colegio, «Vuelta Atrás», viajó a Medellín a grabar en un estudio profesional. Al cruzar esa puerta, su mente hizo un clic definitivo:

«Fue entrar allá y quedar como hipnotizado con todo lo que había con los altavoces, los equipos, la sala, los micrófonos… Yo llegaba allá y yo era tomando fotos así, a todo… Antes de terminar el colegio yo ya dije no, yo tengo que hacer esto el resto de mi vida porque es lo que me da felicidad».

Dejando atrás la presión social que inicialmente lo llevó a estudiar media carrera de ingeniería de telecomunicaciones, decidió profesionalizarse en lo que amaba e ingresó al ITM a estudiar Informática Musical.


El «match» que construyó un imperio musical

Dicen que el éxito llega cuando la preparación se encuentra con la oportunidad. Gracias a su talento y dedicación, Sherman se convirtió en el ingeniero personal del reconocido compositor Bull Nene. En poco tiempo, ya estaba en la consola grabando y mezclando para estrellas de la talla de Karol G, J Balvin, Sech y Manuel Turizo.

Pero los grandes caminos no se recorren solos. En su primer día de universidad conoció a Sebastián Ordóñez, «Fine», un joven que venía del Huila completamente solo y a quien la familia de Sherman adoptó como a un hijo más. Juntos hicieron un complemento perfecto: Fine dominaba la teoría y las matemáticas, mientras Sherman traía toda la experiencia empírica del audio.

Su socio Fine recuerda con mucha gratitud esos inicios:

«Yo no sabía nada de audio… Yo me enamoré de la producción gracias a Sher, porque él me enseñó mucho de lo que yo no sabía. Entonces, fue más que todo un complemento… Cher es una persona muy creativa y es una persona que, aparte de todo, es muy humana, entonces siento que él es el que mantiene el equilibrio acá».


El día que lo perdieron todo: empezar desde menos cero

Cuando decidieron independizarse y montar su propio espacio de trabajo, la vida los puso a prueba de la forma más dolorosa. Un robo masivo desmanteló por completo su estudio. Estaban quebrados, muy endeudados y con una profunda incertidumbre. Sin embargo, la mentalidad de Sherman ante la tragedia nos deja una lección de vida impresionante:

«Han pasado cosas complicadas como ese robo, que yo ese tipo de cosas que pasan, que son muy fuertes, lo veo como un renacer, entonces nosotros técnicamente empezamos el estudio quebrados, pero con clientes… Tocó volver a empezar desde cero y fue muy bonito porque como les decía pasó una cosa que es muy fuerte pero es un renacer».

En lugar de rendirse, se aliaron con el productor Johan Úsuga, quien les cedió una pequeña bodega de 3.5 por 3.5 metros. Allí refundaron el cuartel general de Sherman & Fine.

Incluso cuando la pandemia del 2020 encerró al mundo, ellos aceleraron. Se adaptaron al aislamiento creando campamentos de composición virtuales interconectando a artistas de Miami, México, Perú y España, y lideraron la postproducción de shows masivos en vivo para figuras como Farina y J Balvin.


La mentalidad «Louis Vuitton» y el verdadero éxito

Hoy en día, sus nombres respaldan éxitos acreedores de discos de oro y platino con artistas como Marbelle (con el éxito «Adicta al dolor»), Maluma y Reik. Además, Sherman cuenta con orgullo en sus vitrinas el anhelado galardón de ganador del Latin Grammy.

Lograrlo no fue cuestión de suerte, sino de una estricta política de reinversión constante (bajo la premisa del interés compuesto) y de apuntar siempre a lo más alto. Cuando su padre sentía el temor natural de que la música fuera un oficio pequeño o inestable, Sherman le respondía con una convicción absoluta:

«Yo siempre le decía a mi papá: cuando tú estás comparando una billetera, me estás comparando con una billetera de 10.000, yo quiero ser Louis Vuitton, yo quiero ser Gucci… Canalicé mi energía en eso y en poderle mostrar».

A pesar de las luces y los premios internacionales, Sherman mantiene los pies en la tierra. En los momentos más difíciles de alta presión y ansiedad que genera la industria, se aferró a un gran consejo que le dio el famoso productor Alejandro Patiño «Mosty»: «Nadie se acuerda del que se rindió».

Para Sherman, el trofeo más valioso no es el cuadro con el reconocimeinto de oro y plata, que adorna su estudio, sino la descripción que orgullosamente lleva en su biografía antes de cualquier título profesional: Ser una persona feliz. «Los reconocimientos son una consecuencia, pero yo soy una persona feliz que ama hacer esto en cualquiera de las versiones… El reconocimiento más grande es poderme levantar a dedicarme a esto todos los días».

Una maravillosa enseñanza que nos demuestra que a las personas buenas, cuando trabajan con el corazón, con disciplina y sin hacerle daño a nadie, siempre les terminan pasando cosas buenas.


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Por Emisora

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